Emilia esbozó una sonrisa burlona, pero en el fondo solo sentía un profundo vacío.
Había conseguido aquella orden de compra sin apenas esfuerzo. Si Adrián hubiera confiado en ella aunque fuera un poco, habría podido descubrir la verdad desde el principio.
Por los altavoces del aeropuerto anunciaron el último llamado para abordar.
Emilia bajó la mirada, apagó el teléfono, sacó la tarjeta SIM y la arrojó a un basurero.
A partir de ese momento, nada de aquello volvería a tener que ver con ella.
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