Dentro del majestuoso y solemne castillo, comenzaron a sonar los primeros acordes de la marcha nupcial.
Emilia, con el velo cubriendo su rostro y levantando ligeramente la falda, caminó hacia Sebastián al final de la alfombra roja.
El sacerdote se encontraba entre ambos y recitaba los votos según el protocolo.
Hasta que finalmente preguntó:
—¿Acepta a Sebastián Santillán como su esposo?
Al segundo siguiente, una voz masculina, grave y agitada, rompió la calma.
—¡Ella no acepta!
Los invitados est