—¡Adrián!
Emilia abrió los ojos de golpe.
Solo cuando vio la luz incandescente sobre su cabeza y la computadora de trabajo frente a ella, se dio cuenta de dónde estaba.
Ya llevaba casi dos semanas en Costa Serena.
Y ella, que había decidido olvidar a Adrián por completo, volvió a soñar con él durante la siesta.
En el sueño, él aparecía con la cabeza cubierta de sangre, inconsciente y sin reaccionar.
Cerró los ojos, inhaló profundamente y luego exhaló despacio.
Finalmente, Emilia logró tranquiliz