Pero todas las dudas se terminaron cuando Leonardo se posó detrás de mí, poniendo sus brazos alrededor de mi cuello, mientras los dos observamos la hermosa vista, que esta mansión nos regalaba.
–¿En qué estas pensando? –Y mientras me pregunta, besa mi cuello con pasión, mientras yo cierro los ojos disfrutando del contacto de sus labios contra mi piel.
–¿Ahora? –Murmuré perdida. –Pensando en tus labios.
Lentamente sentí sus manos frías bajando el cierre de mi vestido. Después me di la media vuel