¿Diego?
El cuerpo de José se tensó, y se llenó de confusión.
Adriana aprovechó la oportunidad para alejarse de él. Tapándose el pecho, le respondió con firmeza:
—¡No importa cuáles sean tus intenciones! La relación entre Diego y yo ya está escrita en el acta de matrimonio. ¡No puedes hacer esto!
José se rio fríamente, su pecho subía y bajaba con fuerza mientras recuperaba la calma.
—No puedo creerlo...
Tras un breve silencio, salió del coche y fue al asiento del conductor. Abrió la guantera y sa