—¡Ah!
Gracia se indignó.
De repente, su pie izquierdo comenzó a flaquearle, y sus pasos ya no eran tan fluidos como antes. Bajo la guía del tipo frente a ella, le costaba cada vez más seguir el ritmo del baile.
Pero su orgullo no le permitía parar, no iba a perder frente a una desconocida.
Adriana observó discretamente a los dos camareros que miraban con expresiones sospechosas y notó que se decían algo al oído.
En ese instante, supo que su suposición era correcta.
Mientras intentaba no pe