Fátima corrió a la habitación, escondió el candelabro de pilar en su cajón, tenía mucho miedo, luego escuchó el grito de la empleada.
Fátima limpió sus lágrimas y al salir, lanzó un grito, fingiendo estupor.
—¡Andrés! ¡Dios mío! ¿Qué fue lo que pasó? —exclamó y bajó las escaleras.
La empleada ya llamaba a la ambulancia,
—No lo mueva, señora, ya viene la ambulancia.
Fátima asintió, asustada.
Pronto llegó la ambulancia, ella notó como Andrés se quejaba por el dolor, tuvo miedo, pudo ver cuan