Capítulo Sesenta y cuatro: Mi corazón late por ti.
Cuando Sabrina y Jonathan llegaron a casa, ella estaba tan seria que él temió de hablarle, miró su rostro con duda.
—¿Estás molesta?
Sabrina miró su rostro, negó.
—Debo ir a dormir.
El teléfono de Jonathan resonó.
—Hola —respondió—. ¿Qué dices? ¿Cómo está? Es que… no se si pueda ir, mi esposa está enferma… está bien.
Jonathan colgó la llamada, pero Sabrina pudo ver su rostro, parecía angustiado.
—¿Pasa algo malo?
Jonathan hundió la mirada, luego la miró
—Es mi padre, él se enfermó, está