—¿¡Me dirás qué ustedes dos no tuvieron nada!?—volví a preguntarle a Eduardo que por lo visto trata de ignorar el tema.
—¿Para qué quieres saber? Te dije anoche que eso no importa Vanesa de por Dios—responde sin ninguna pizca de paciencia.
—¡Por lo visto para ti no importa pero para mí sí! —exclamé con un poco de enojo.
Lo que pasó anoche en ese restaurante fue una de las noches más humillantes que tuve que pasar. Porque primero tuve que soportar a esas señoras que decían un sin números de cual