25. Un desagradable encuentro.
Karl.
Naira estaba nerviosa, lo podía notar en cada uno de sus gestos. Sus manos jugaban inquietas con el borde de su vestido, y sus ojos esquivaban los míos. Sabía bien que este evento podría marcar el destino de su vida… y de la mía. Pero yo no pensaba perderla. No. Ella sería mía, y lo sería limpiamente, aunque lo que estuviera haciendo fuese un absurdo juego de orgullo y sombras. Pero así era yo: un hombre sin escrúpulos, sin furor. Necesitaba arrancarme de raíz aquel sentimiento amargo que