092: CLÍNICA SANTAELLA
Abrí los ojos.
No hubo misterio, ni transiciones lentas, ni explicaciones largas. Solo abrí los ojos de golpe y la luz blanca de las lámparas empotradas en el techo me causó una molestia insoportable en la vista porque brillaban demasiado, lastimándome las pupilas tras todo el tiempo que duré con los ojos cerrados.
Parpadeé varias veces, tratando de enfocar la vista para acostumbrarme al brillo de la habitación y todo lo que me rodeaba. Tardé un par de minutos en los que