Capítulo 9. No estás sola
Cada bocanada de aire que inhalo es un castigo. Siento que llevé mi cuerpo al límite. Sonya está encima de mí, ausente. Tomé su mano justo a tiempo. No sé cómo logré sujetarla con tanta fuerza que, incluso, acabamos sobre el suelo.
—¡Lo lamento! ¡Lo lamento! —Llora desesperada en mis brazos —¡Por favor, no le digas a Tareq!
—¡Todo está bien, Sonya! —La abrazo con tanta fuerza que temo lastimarla.
—¡Alá, yo no quería hacerlo! —Me parte el corazón sentir su angustia.
—Te prometo que estaré a