Pesadillas y dolor.
Pesadillas y dolor.
Llegue a la habitación y por suerte para mí, Ana supo darme mi espacio después de darse por enterada de que yo no quería hablar más sobre el tema. Al final de cuentas aquella era su casa y ella bien podía simplemente imponer su voluntad para hacerme salir de la habitación, pues yo ahí no era más que una inquilina, pero ella no hizo nada, me dejo irme tranquila a ese espacio de soledad que yo tanto anhelaba.
Ni siquiera pude quedarme a comer algo, pues la discusión había ter