Los días después de aquella primera noche intensa se difuminaron en un ritmo secreto entre ellos. Los mensajes llegaban a horas extrañas: cortos, cargados, de Julian, diciéndole a Lena cuándo la clínica estaría tranquila. Ella se descubrió cancelando planes solo para estar disponible, su cuerpo anhelando la forma en que él tomaba el control. El riesgo lo hacía todo más caliente. Él era su médico, ella su paciente, y cada momento robado en aquella elegante clínica se sentía peligroso y adictivo.