La aventura había tomado por completo el control de sus vidas. Cada momento robado con el Dr. Julian Reese dejaba a Lena deseando más. Pensaba constantemente en su gruesa polla, en la forma en que la estiraba y se apoderaba de su cuerpo, en el tono dominante de su voz cuando le decía exactamente cómo quería follarla. Julian, por su parte, apenas podía concentrarse en sus otros pacientes. Todo lo que podía pensar era en el coño apretado y chorreante de Lena y en lo perfectamente que se sometía a