El corazón de Lily golpeaba con fuerza contra sus costillas mientras se sentaba en el sofá justo al lado de Mark. Los cojines se hundieron bajo el peso de ambos, empujando sus cuerpos aún más cerca. Sus muslos se presionaban juntos, piel desnuda contra la tela suave de sus pantalones de chándal. Podía sentir el calor que emanaba de él en oleadas, y eso hizo que su coño ya sensible palpitara con una nueva oleada de deseo.La película seguía reproduciéndose en la gran pantalla, una cinta de acción llena de explosiones y música alta, pero nada de eso penetraba en su mente. Solo podía concentrarse en él.Mark olía a jabón limpio y a algo más profundo: masculino, cálido, peligrosamente reconfortante. Le lanzó una mirada furtiva a su perfil: mandíbula fuerte, ligera barba incipiente, la forma en que su nuez de Adán se movía al tragar. Se le hizo agua la boca. Quería inclinarse y pasar la lengua por su cuello. Quería saborearlo.—¿Estás bien, pequeña? —preguntó Mark, con su voz profunda cort
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