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Solo y siempre tú
Solo y siempre tú
Por: Rosa S.C
Capítulo 1 Sombras en el Lago

El asfalto serpenteaba entre los densos bosques de pinos, alejando a Lisa de la ciudad, del ruido de las bandejas en el pub y del peso asfixiante de sus libros de texto. Apoyada contra la ventanilla del coche, observaba cómo la luz del sol se filtraba entre las ramas, creando un juego de luces y sombras que parecía imitar su propio estado de ánimo.

A sus 19 años, Lisa era un enigma envuelto en una belleza que ella misma se negaba a reconocer. Su melena castaña caía en ondas descuidadas sobre sus hombros y sus ojos, de un verde translúcido, siempre parecían estar analizando una ruta de escape. Tenía la estatura y la elegancia natural de una modelo de pasarela, pero prefería caminar encorvada o esconderse bajo sudaderas anchas para evitar las miradas que tanto la incomodaban.

Para Lisa, los hombres no eran compañeros potenciales; eran variables impredecibles que prefería mantener a raya.

-¿Lisa? Tierra llamando a Lisa... -la voz de Noelia la sacó de su trance.

Lisa parpadeó, enfocando la vista en el espejo retrovisor donde los ojos curiosos de su amiga la observaban.

-Estoy bien, de verdad. Solo... es extraño estar tanto tiempo sin hacer nada.

-Se llama "descansar", amiga. Deberías probarlo más a menudo -respondió África desde el asiento del copiloto, girándose para verla-. El trabajo de camarera te está consumiendo y la universidad no ayuda. Este fin de semana es para apagar el cerebro.

El coche tomó una curva pronunciada y, de repente, el lago se abrió ante ellas como un espejo gigante de plata. A lo lejos, en la orilla opuesta, se divisaban unas cabañas de madera integradas perfectamente en el paisaje.

-Te va a gustar la gente que viene -continuó África con una sonrisa traviesa-. Especialmente Ben. Es el tipo de chico que... bueno, que te haría olvidar ese voto de castidad que pareces haber hecho.

Lisa suspiró, sintiendo la habitual punzada de ansiedad ante la mención de un nombre masculino desconocido.

-No empecéis. Sabéis perfectamente que no estoy para juegos, ni para citas, ni para nada que implique "conocer" a alguien a ese nivel. Estoy aquí por vosotras.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino cargado de una comprensión dolorosa. Sus amigas conocían la historia. Sabían que tras la fachada de chica alegre pero tímida, había cicatrices de una adolescencia donde la confianza fue traicionada. Sabían que Lisa no era "dura" por elección, sino por pura supervivencia.

-Lisa, algún día tendrás que dejar de decir "no" por defecto -dijo Noelia con una suavidad casi maternal-. Entendemos el miedo. Pero no todos los hombres son como los que te hicieron daño. Algunos... algunos solo quieren ver esa sonrisa tuya sin pedir nada a cambio.

-¿Recuerdas a Iván? -añadió África para aligerar el tono-. El tipo se creía un galán de cine y cuando intentó pasarse de listo, le pusimos los puntos sobre las íes antes de que pudiera parpadear.

Lisa dejó escapar una risa genuina, la primera del viaje.

-Eso fue legendario. No creo que vuelva a acercarse a una chica en años.

-¿Y Álex? -insistió Noelia-. El chico era el paquete completo: atento, divertido, un cuerpo de gimnasio y te traía café cada mañana...

-¡Ah, Álex! -suspiró Noelia.

-Es gay -sentenció Lisa, cortando el romanticismo de golpe.

Las tres estallaron en carcajadas. El peso en el pecho de Lisa se aligeró.

-Bueno -concluyó África mientras el coche aminoraba la marcha-, solo diviértete. Cuando llegue el adecuado, lo sabrás. ¡Ahora, a disfrutar!

Momentáneamente los fantasmas de Lisa disiparon. Por un segundo, se permitió creer que quizás, solo quizás, este fin de semana sería diferente.

El coche se detuvo sobre la gravilla, levantando una pequeña nube de polvo detrás de otros dos vehículos. Al salir, el aire puro y frío del lago llenó los pulmones de Lisa, dándole una sensación de libertad que rara vez sentía en la ciudad.

-¡¿ESTÁIS PREPARADAS PARA DISFRUTAR?! -gritó África al viento, estirando los brazos hacia el cielo azul.

Caminaron hacia la cabaña principal, una estructura hermosa de troncos oscuros y una gran terraza de madera. Lisa sentía los nervios a flor de piel, pero se obligó a mantener la cabeza alta. Noelia llamó al timbre y, tras unos segundos, se escucharon pasos pesados acercándose.

Cuando la puerta se abrió, Lisa sintió como si el tiempo se detuviera de golpe.

Frente a ellas apareció un hombre que parecía haber sido esculpido en la misma madera de la cabaña. Era alto, de hombros anchos que llenaban casi todo el marco de la puerta. Su cabello era oscuro y corto, y su mandíbula marcada le daba un aire de seriedad que Lisa conocía demasiado bien.

Sus miradas se cruzaron y Lisa sintió un vuelco en el estómago que no pudo controlar.

Se quedó boquiabierta. No era un extraño. Era Ben, el jefe de seguridad del local donde ella trabajaba cada noche. En el trabajo, él siempre era una figura distante y protectora; el hombre que vigilaba desde las sombras del rincón más oscuro, asegurándose de que nadie molestara a las camareras. Lisa siempre se había sentido extrañamente segura bajo su vigilancia, pero nunca lo había visto fuera de ese contexto.

Allí, vestido con una camiseta informal que marcaba sus brazos fuertes y sin la mirada severa del trabajo, Ben parecía... diferente. Más humano. Más peligroso para la paz mental de Lisa.

Sus amigas se intercambiaron una mirada de triunfo absoluto. El muro que Lisa había construido con tanto cuidado acababa de recibir su primer golpe directo. El fin de semana no había hecho más que empezar.

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