Miguel llevaba dìas sin comer a penas, no porque no tuviera hambre, sino porque a Lilith se le habìa ocurrido dejarlo en ayuno para torturarlo, no le bastaba con la droga que inyectaba a diario en sus brazos o la que lo obligaba a inhalar.
Era horrible sentirse en el limbo siempre, pero al menos eso le ayudaba a mitigar los dolores de los constantes latigazos que la chica le proporcionaba en los brazos y la espalda con un viejo cinto de cuero.
Cada vez que este le tocaba la piel, primero come