Él dejó de hablarle, no porque estuviera enojado, sino porque tenía miedo de volver a escuchar palabras que no quería oír. Ni siquiera sabía cómo disculparse o si debía hacerlo. Dormir con su exesposa había pasado a segundo plano; se estaba volviendo loco tratando de encontrar una solución.
Y su locura interior se reflejaba en el exterior. Llegaba a la empresa con una cara de pocos amigos que asustaba a más de uno. Hasta Greta comenzó a mantenerse más alerta ante sus exigencias. El resto de los