Owen se despertó con el insistente sonido de un teléfono que no dejaba de recibir mensajes. Abrió los ojos molesto y fastidiado. Por un momento, no pudo reconocer dónde se encontraba; ese techo no era el de su habitación. Volvió a la realidad cuando el aroma a café y perfume de jazmines entró por su nariz: Anna.
Instintivamente, miró a su costado, pero ella no estaba con él en la cama. La mañana estaba algo avanzada; el sol filtraba alto por la ventana, y al querer cubrirse los ojos, vio su rop