Desde que le colgué a Finn esa noche, todo se calmó.
No volví a saber de él, al menos no directamente.
Mi padre era el único que llamaba de vez en cuando y, cada que lo hacía, era siempre el mismo cuento.
—Tienes que dejar de comportarte como una niña. Finn ha estado viajando por todo el mundo, cerrando negocios.
Sí, cómo no. Cerrando negocios.
Seguramente con Madeline sentada en sus piernas mientras firmaba los contratos. Pero no lo dije en voz alta. En su lugar, pregunté con calma:
—¿Y qué tal