He estado trabajando en mi florería en Richmond por más de un mes.
Mañanas serenas, calles silenciosas, el aroma a rosas frescas y lavanda… este era el tipo de vida que siempre había querido, pero nunca había tenido.
Garrick y la pequeña Cici pasaban a verme de vez en cuando.
Ella corría entre las macetas, riendo y rozando los pétalos con sus deditos como si fueran sus amigos.
Y Garrick siempre traía consigo una energía tranquila y amable. A diferencia de Finn, él no intentaba adueñarse del luga