He vuelto al dormitorio de Calen para comprobar que mis plantas no han fallecido.
— ¿Ves? –le saco en cara– Podían sobrevivir aquí.
— ¿Eso crees? –porfía– Que ingenua, Sirena. Yo las cuidé
— ¡¿Tú?! –no le creo y giro para encararlo.
— Técnicamente. Pagué a una de las señoras de servicios para que las cuidara hasta que volvieras.
— ¿Entonces sabías que iba a volver?
— Por supuesto –sonríe. .
Le doy un vistazo de resinación.
— Bueno, en tal caso, gracias. ¿Ya has desempacado todo? Puedo ayudarte.