Al día siguiente.
Acabó yendo al trabajo sin pegar ojo. Mientras Robert se masajeaba el cuello rígido y dolorido mientras revisaba documentos, entró el secretario Alex.
—Dios mío, director general. Sus ojeras son impresionantes—Dejó el expediente que había traído. Robert le indicó que tomara asiento.
—¿Son tan evidentes?
—Cualquiera diría que son recién casados.
—Bien. Quería presumir un poco.
Quiero gritarle al mundo entero lo mucho que nos queremos.
Quiero presumir de lo fuertes que nos hemos