Capítulo 38. Sólo mío
Se sentía bien el instante de paz silenciosa que acallaba por un momento el enloquecido bullicio de su cabeza.
Había sido demasiada emoción y demasiada estridencia para un solo día, y por eso ahora era bienvenida la calma.
Luego de tantas voces externas, luego de un coro de voces iracundas del pasado, voces confundidas del presente, voces con verdades a medias.
Silencio, por un rato.
Después todo cambió.
A su alrededor escuchó voces reales, pero que estaban lejos, muy lejos.
Tal vez, una era l