Sus ojos azules y nostálgicos observaban el enorme jardín de la casa de campo en medio de los Alpes italianos.
A lo lejos, coronadas por algunas nubes bajas, se podían ver las altas colinas flanqueadas de bosques centenarios, reverdeciendo en esa época del año. Al pie de las montañas, en un valle apacible, se extendía un lago tranquilo y liso como un espejo, tan azul como su mirada, que brillaba en las orillas por los reflejos dorados del sol de la tarde.
Bebía pensativo un cafe de grano tosta