Capítulo 36. Una luz de esperanza
Valentino, desolado y sombrío, terminó de vestirse y se subió a su auto. A medida que avanzaba, de camino hacia el lugar de la reunión de esa mañana, el dolor que sentía en su pecho fue dejando paso a un sentimiento aún más duro y terrible para quienes se cruzaran con él: la furia incontenible.
Poco a poco, se fue encendiendo un fuego arrasador en su interior, uno que se apagaba con una sola cosa.
La sangre.
No siempre había sido así, violento e implacable.
Pero su mundo era complejo y demasia