No me puedo quejar, mi mañana comienza de diez
Luego de desayunar juntos no me quiero separar de ella y decido traerla por primera vez conmigo a la empresa.
Ignoro las miradas curiosas de la mayoría de los empleados, estoy feliz de que esté acá conmigo, así que orgulloso tomo su mano y nos dirigimos hacia mi oficina.
— No me gusta que me miren tanto — se queja ella haciendo unas caritas muy tiernas
— Ignóralos, eres la novedad en sus rutinarios días, no los culpes.
— Lo sé, pero igual me molest