Odiaba el hecho de tener que levantarme para ir a trabajar cuando estaba tan cómodo y hoy con más razón, no quería salir de entre sus brazos. Me sentía en paz luego de la tormenta que había atravesado tras su ausencia.
Esta vez era ella quien me mantenía prisionero, y yo estaba como un niño chiquito entre los brazos seguros de su madre...
Era increíble lo feliz que me hacía esa sensación.
Así estuve un buen rato, perdiéndome en esa calidez que solo su cuerpo me brindaba, llenándome de su esenc