—Tengo algunos asuntos pendientes que atender estos días, en unos días regreso y hablamos... —comenzó Luciana.
—¿En unos días? ¿Te has vuelto loca? ¡Regresa ahora mismo! —la voz de Catalina se volvió aún más estridente.
Luciana sabía muy bien que Alejandro seguramente había ido a quejarse con su madre. No pudo evitar una sonrisa amarga, pensando en lo bajo que había caído al ir a llorarle a su exsuegra después de divorciarse. Le repugnaba por completo su comportamiento.
Colgó el celular sin más.