Mundo ficciónIniciar sesión—¡Llegaste!
—¡Al fin!
—¡Estás empapada!
—Tomate una cerveza así entrás en calor.
Silvia lo vio de inmediato. Al otro lado del bar con Miyén, las manos en los bolsillos, la gorra negra ensombreciendo su cara. Ella se detuvo a saludar a los amigos que la rodeaban, aprovechando ese momento para rogarle a su corazón que dejara de latir como un tambor. Como si pudiera evitarlo. Él permanecía completamente inmóvil, observándola, como un fantasma de sí mismo.







