Al levantarse de la cama que compartía con la mujer que amaba tomó su móvil dirigiéndose a otra habitación para tomar una ducha y no despertarla. Salió del baño, se vistió, revisó sus correos y notó la exorbitante cantidad de llamadas y mensajes de su amigo, Max. Intentó llamarlo, pero fue imposible, caía directo al buzón.
Ahora Kilian no sabía cómo solucionarlo y se sentía un miserable.
Escuchó otra vez el último mensaje de voz y con cada segundo que transcurría sintió que el suelo se abría