Ya habíamos terminado de comer y el camarero se acercó a nuestra mesa. Nos levantamos; no esperé a que Ayla le hablara y me adelanté.
- A la cuenta de Alfa Lucien
- Claro que sí, Alfa – me respondió el camarero. Ayla, a pesar de las circunstancias y de su preocupación, me miró y sonrió.
Salimos rápidamente del lugar. Mi pareja volteó y me observó por un momento pensativa.
- ¿Qué ocurre, Ayla? – pregunté
- Tal vez prefieras estar en tu manada en este momento.
- ¿Qué? Claro que no… no te dejar