Dijo Ayla seriamente, y continuó caminando. Eve me miró levantando una ceja y sonriendo irónicamente.
- ¿Qué esperas? – dijo – ve tras tu Alfa, perrito faldero…
- Ya no permitiré tus insolencias, loba. No olvides que sigo siendo tu Alfa.
- Tu no eres mi Alfa, yo renuncié a tu manada – dijo con su mirada dolida y llena de resentimiento – estabas tan preocupado de reconquistar a tu loba zorra, que ni siquiera te percataste de ello – hablé por conexión mental a algunos lobos guerreros que merod