Alexander
El sol de la tarde bañaba el patio en una luz dorada. Estábamos recostados en las tumbonas junto a la piscina, disfrutando de un silencio que era el refugio perfecto para olvidar nuestras responsabilidades. Alaia estaba a mi lado, su piel aún húmeda por nuestra reciente intimidad, y yo me sentía extrañamente en paz.
Entonces, el sonido interrumpió la armonía.
Era mi teléfono personal, que había dejado olvidado sobre la encimera de la cocina desde ayer. El tono, agudo y persisten