Alaia
El agua de la piscina, que hasta hace unos instantes había sido nuestro refugio clandestino, comenzó a sentirse un poco más fría al abandonar su protección. La transición al aire exterior fue un choque térmico, una señal inequívoca de que el mundo real, con sus exigencias y sus límites, empezaba a reclamar su lugar. Salimos con movimientos pausados, todavía impregnados de la estela de lo que acabábamos de compartir. La euforia de hace unos momentos aún palpitaba bajo mi piel, una corrie