Capitulo 22

Alexander Sinclair

​El silencio dentro de la camioneta era pesado, cargado con el eco de nuestra propia rendición. El aire se sentía viciado, impregnado por el encuentro que acabábamos de tener, y mis sentidos aún estaban nublados por la descarga de adrenalina. Alaia estaba allí, recostada contra el asiento trasero, con la respiración entrecortada y el cuerpo cansado, tratando de regular su ritmo cardíaco y recuperar la calma después de la tormenta que habíamos desatado.

​Yo me tomé un momento
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