Alexander Sinclair
La traición tiene un sabor amargo, metálico, que se te queda pegado en el paladar. Mientras recorría mi oficina con la mirada, sentí cómo el peso de mis errores caía sobre mis hombros con una fuerza devastadora. Lorena, mi exmujer, no solo me había robado dinero; había violado el último reducto de lealtad que yo esperaba de ella. Y Logan... Logan no era una víctima, era el cómplice perfecto. Conocía a mi hijo demasiado bien; siempre habían sido un equipo, ella alcahueteándol