Al llegar a la empresa, no le dio tiempo a ninguno de los dos para que la retuvieran. Las garras de la anciana fueron evidentes cuando se cerraron en el aire, un segundo antes de que ella se deslizara por las puertas del ascensor.
Se prometió llevarle un café al siguiente día a uno de los empleados de finanzas que entró dos pisos después y salió uno antes del de gerencia salvándola de quién sabe qué, pero ella se sintió aliviada por ello.
—Regresaste ilesa.
Elías la dedicó una rápida mirada cu