Franco
El vecindario no era el mejor, pero no podía decir que era malo. Subió después de escuchar el timbre que le permitía hacerlo y la modelo de hacía unos días le abrió la puerta del diminuto apartamento.
—Está por salir, ¿quieres tomar algo mientras tanto? —Le preguntó al señalarle un asiento.
—No, estoy bien. ¿Sabes cómo sigue su padre?
—Ella no habla mucho del tema, pero está muy mal. Lo tienen con un respirador —susurró sentándose en una silla frente a él—. Franco, sé que no nos conoce