Franco exhaló con fuerza en cuanto vio a Livia entrar a la capilla del cementerio del brazo de Elías. A decir verdad, no esperaba que fuera, aunque mentiría si dijera que no se sintió bien saber que estaba allí, sin importar que fuese a metros de él.
Evitó mirarlos una vez iniciada la liturgia exequial, pero le fue imposible. Cada tanto, sus ojos la buscaban como si no pudiesen escapar de su influjo, como si la única fuente de la paz que necesitaba la tuviese ella. Sin embargo, sabía que no er