Livia presionó el botón del piso que la llevaría frente a él con insistencia. La furia que le corría por las venas y que le impedía respirar con normalidad, en lugar de disminuir, aumentaba segundo a segundo con solo recordar los comentarios que escuchó a sus espaldas en la cafetería de la empresa.
Las risas contenidas de esos hombres le provocaron un deseo irrefrenable de hacerlo sufrir lentamente cuando mencionaron a quién tenía en su oficina y lo que podrían estar haciendo en esos momentos.