El amanecer solía traer consigo escenarios que a Livia le encantaba fotografiar. Su alma se calmaba cuando captaba esos colores que parecían creados solo para su deleite. Abrió los ojos y parpadeó un par de veces, tuvo que sonreír al notar al sol que tímidamente salía por el este de la ciudad que parecía invitarla a esa cita que solían tener cada tanto.
Escuchó el golpeteo del corazón acompasado de Franco bajo su cuerpo y se distrajo con la tibieza de los músculos firmes que la rodeaban. Pensó