Calentó dos platos de comida en el microondas. Eran de esos platos preparados que el hotel guardaba en el refrigerador para sus huéspedes. Después los puso sobre la mesa y nos sentamos a comer.
Dominic tomó el tenedor, pero, cuando intentó usar el brazo herido, terminó dejándolo de nuevo sobre la mesa.
—¿Te duele el brazo? —pregunté.
—Estoy bien.
—Acabas de dejar el tenedor.
Me miró.
—Yo te doy de comer —le dije.
Sonrió, con esa sonrisa lenta que aparecía enseguida cuando algo le gustaba, y me t