Perspectiva de Seraphine
Había cuarenta y tres grietas finitas en el techo del ala privada del hospital St. Catherine. Las conté doce veces desde que desperté hasta que por fin acepté que Dominic no iba a aparecer.
Llevaba quince horas en aquella cama, esperando a mi esposo. Quince horas en las que las enfermeras venían a tomarme los signos vitales, los médicos me repetían lo afortunada que había sido y los periodistas seguían apostados a la entrada del hospital, esperando conseguir una imagen d