Capítulo 71
Me quedé mirando a Elizabeth, plantada frente a la puerta de mi habitación de huéspedes, exigiéndome que me fuera para poder instalarse ella.

—Si ustedes dos ya terminaron de ladrar como perros —dije con una sonrisa—, pueden largarse.

Y les cerré la puerta en las narices.

Los golpes comenzaron de inmediato. Una golpeaba y luego la otra, turnándose sin descanso.

Me senté en la cama y me quedé mirando la pared.

Estaba agotada. No era ese cansancio fingido que había mostrado antes, sino uno de verd
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