No volví la vista atrás. Recorrí el pasillo hasta la habitación de huéspedes, entré y cerré la puerta con llave.
Los golpes de Julian no tardaron en llegar. Tres golpes secos.
Me senté en el borde de la cama y me quedé mirando mis uñas.
Volvió a golpear.
No respondí.
Al cabo de un rato, dejó de hacerlo.
***
A la mañana siguiente, me levanté antes que Julian.
Me duché, me vestí y ya estaba en la sala cuando lo oí salir de la habitación. Se sorprendió al verme lista para irme, como si hubiera espe