Nos quedamos abrazados un rato, intentando recuperar el aliento, con Dominic apoyado contra mi hombro.
Al cabo de unos segundos, se apartó.
Sentí que su semen me escurría por el muslo y me volví hacia él. Tenía una sonrisa satisfecha, pero me miraba con una ternura que me hizo sentir un extraño cosquilleo en el pecho.
—Un día de estos vas a acabar conmigo, Celeste.
Me reí bajito mientras me vestía. Me subí las bragas y me acomodé el vestido. Después me miré en el espejo retrovisor, me arreglé el