El padre de Clara miró fijamente la evidencia sobre la mesa y sus manos temblaban.
El texto en blanco y negro se desdibujó ante sus ojos y cada palabra era como una puñalada de culpa.
Elena había planeado cada paso, y cada lágrima había sido una actuación.
Y él, su padre, había empujado personalmente a su propia hija hacia el abismo.
Ni siquiera había estado con ella en sus últimos momentos.
“¡Maldición! ¡Que todo se vaya al diablo!” Pensó.
Perdió completamente la compostura. Se levantó bru