Trato de poner mi mente en blanco, siguiendo a la perfección el ritmo de mis respiraciones pero luego de cinco intentos, no lo consigo y eso me pone mucho más histérica.
— ¡Voy a matarla, lo juro! —siseo entre dientes, sintiendo un fuego reverberar en la boca de mi estómago.
Misma sensación que no me deja desde hace dos días cuando Úrsula me dijo con su mejor cara que tendría que pedirle excusas públicas al imbécil de mi ex.
—Mantén la calma, Gigi —me pidió Nina por milésima vez. Que estuviera